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Fue en una de esas discusiones de borracho donde por última vez nos pusimos a jugar Super Mario Bros. 3.

Quién sabe si fue el hastío de las metralletas de Modern Warfare, la necesidad de algo menos violento o que simplemente hacía falta un toque de nostalgia a la noche de cerveza y videojuegos, pero lo que sí es seguro es que Super Mario Bros. 3 nos dio para pensar el resto de la semana.

Ya son casi treinta años del arribo de la tercera entrega de Mario arribó al mercado, siendo uno de los juegos que mejor explotaron las capacidades en los últimos años del Nes, con gráficos coloridos y efectos de luces que aparecían en todo momento.

El juego añejo como los buenos vinos, ya que Super Mario Bros. 3 prácticamente terminó de consolidar los elementos que hoy forman el universo del reino de los hongos como el navegar en un mapa para la selección de niveles; power ups como el mapache, el tanooki, la ranita o el traje de los hermanos martillo; la introducción de personajes como los koopalings; y el rediseño de todos los personajes, en especial el de Bowser, donde por primera dejó de verse como un cocodrilo verde.

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Ponernos a jugar Super Mario Bros. 3 nos hizo decir lo que todos los chavorrucos dicen sobre los videojuegos actuales como “antes estaban más difíciles”, “tardabas meses jugándolos”, “el reto era mayor”, sin ponernos a pensar que nuestros hábitos de consumo han cambiado.

En lugar de jugar hasta tres horas al día como en los tiempos del Nes, jugar en estos días cinco horas no nos deja satisfechos, pues los videojuegos se han vuelto una experiencia totalmente inmersiva para vivirse en nuestros hogares, en cambio anteriormente estaban pensado para una sala de arcade, así que tenían que ser difíciles para poder sacar algo de monedas para la renta.

A eso sumen que como adultos tenemos la capacidad de comprar videojuegos como tortillas y como niños teníamos que conformarnos con lo que nos trajera Santa Claus.

Si en una de esas borracheras gamer, nos pusiéramos a jugar Super Mario Bros. 3 y Super Mario 3D World, probablemente seguiríamos prefiriendo la versión de Nes a la de Wii U, esto no sería por lo traicionera que es la nostalgia, ni por demeritar el multiplayer de Mario Gatito, sino que el Mario de 8 bits viejito ofrece un tipo de juego inmediato que te permite jugar los 300 segundos de cada nivel y volver a la fiesta sin perderte el convivir con tus amistades (igual que los juegos de pistolas, pelea y de carreras).

Vaya, te puedes pasar Super Mario Bros. 3 en una sentada, mientras que para terminar Mario 3D World necesitas volver varias veces al sofá.

En cierta forma, Mario 3 sigue siendo un juego que se defiende y adapta a lo que Nintendo propone que sea la experiencia en el Switch.